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Es curioso encontrarse con un libro con este título: ¡Burp! Uno no sabe muy bien a qué atenerse cuando comienza su lectura. Sin embargo, pocas páginas después encuentra las siguientes palabras del autor: “es mi intención dar alguna pauta para intentar provocar ese efecto burp...” Con esta intención nos introduce el autor dentro de una reflexión profunda, ingeniosa y sobre todo entretenida, acerca de lo que podríamos llamar las malas digestiones emocionales. Con gran sentido del humor, y apoyado en anécdotas personales tratadas con honradez y objetividad, vamos entrando, sin darnos cuenta, en cuestiones referidas al quehacer del alma, expuestas con la misma originalidad que deja entrever el título. Y ciertamente, se trata de un libro que mueve a la reflexión en cuanto a la importancia vital de lo que conocemos como actitud ante la vida. Nuestra mente puede ser la herramienta más valiosa a la hora de construirnos como personas, pero también puede ser nuestro peor enemigo si no estamos antentos o no sabemos usarla. Todo depende de nosotros. Es nuestra decisión. Y el primer paso, recomendable, sería zambullirse en esta agradable lectura.
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